Estas últimas semanas he estado visitando a mi abuela, aprovechando el parón vacacional de entre todas las historias que me contó de sus años mozos, se me quedó especialmente una.
Eran los últimos días de la guerra, los soldados estaban recluidos en los campamentos y a veces solicitaban a un grupo de voluntarios para ir a picar y hacer carreteras, en uno de esos días mi abuelo aceptó ir pues prefería salir a tomar un poco el aire y hacer algo de ejercicio que pasarse el día encerrado sin nada que hacer.
Así que al tiempo avisaron de que un cargo oficial iba a pasar a ver la nueva carretera que estaban trazando y aquí viene lo curioso pues al buen señor se le ocurrió decir que era una lástima que no durara unos días más la guerra pues no se iba a poder terminar la carretera.
No es difícil imaginarse como se mordieron la lengua aquellas personas ante tales palabras
Eso es un fiel reflejo de la gran distancia que hay entre el pueblo y sus gobernadores, para lo bueno y para lo malo la ha habido y la sigue habiendo en la actualidad. Las decisiones que se toma por parte de los gobiernos son incomprensibles para los ciudadanos porque unos ven el día a día y los otros ven un gran proyecto que quizás represente el sacrificio de miles de personas, por un bien común que algunos con ciertas dudas esperamos.
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